• Jorge E. Franco Jiménez

En esta semana la nota fuerte ha sido la declinación que, como candidata independiente a la presidencia de la República, hizo pública Margarita Zavala argumentando congruencia y racionalidad de su decisión, enfatizando que no apoyaría a ninguno de los otros candidatos, como lo había denunciado el bronco al comentaba la determinación que demostraba que era candidata independiente y que el no se bajaría del caballo; los lideres del PAN, PRI Verde Ecologista, exteriorizaron la intención de buscarla para solicitarle su apoyo; Andres Manuel Lopez Obrador se reservó analizar lo manifestado por la ex aspirante. 

La señora Margarita Zavala expresó en su mensaje que renunciaba por un principio de congruencia y honestidad política”…”la expanista aseguró que se bajaría de la contienda electoral. Por eso he decidido y aprovecho aquí para decirle a los ciudadanos que retiro mi candidatura de la contienda por un principio de congruencia, de honestidad política y para dejar en libertad a quienes generosamente me han apoyado y tomen su decisión como se debe tomar en esta difícil contienda.”(Excélsior)

Los comentarios que ha provocado, en cuanto a la trascendencia de esa decisión vinculada a los candidatos de los tres frentes partidistas, son variables. Para algunos comentaristas el beneficiado sería Ricardo Anaya dada la trayectoria de la ex candidata o candidata formal o no registrada, en el Partido Accion Nacional del que fuera activa militante, instituto del cual se separa cuando no fue apoyada para ser aspirante a la presidencia y enfrentar abiertamente al presidente entonces de su comité directivo nacional Ricardo Anaya. 

En sus posteriores apariciones manifestó que no se pronunciaría en favor de ningún candidato y que sus simpatizantes quedaban en libertad de definir su voto, aclarando que había intercambiado mensajes con Ricardo Anaya y con el PRI. En este contexto parece que su figura política se empieza a desvanecer al de Jaír de ser un elemento que, bajo cualquier resultado que se diera en la eleccion, fortalecería el sistema democrático del país y la competitividad de la contienda  a través de las candidaturas independientes. 

Este acto pone en evidencia las debilidades del sistema electoral en su esencia democrática que es de apertura a la participación del gobernado al margen de los institutos políticos, que es un resquicio al menos formal para ir agotando el monopolio que mantienen los partidos como medio forzoso a los que tenía que recurrir el ciudadano con  pretensiones para postularse como candidato a un puesto de elección como los que ahora están en juego; en ese aspecto la declinación debilita el que esa figura haga efectivo el derecho constitucional de votar y ser votado con amplio sentido pluralista en su estreno para el cargo de mayor jerarquía para gobernar la República. 

Por otro lado la declinación y en sí de los aspirantes independientes a la Presidencia de la República resalta otro defecto en cuanto a la falta de equidad que prevalece entre esas candidaturas y las de los partidos políticos.Uno de ellos es la estructura que mantienen los partidos hoy fortalecida por los frentes o integración de diversas tendencias que las utilizan en conjunto con las que sobrepasan las de las candidatos sin partido; otro está vinculado con los recursos públicos que el pueblo entrega a los partidos y se consolida en los frentes, mismos que tienen una mayor posibilidad de espacios de promoción tanto del voto como de actividades de preparación para una contienda desigual de origen. 

La Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en reciente jurisprudencia considera que: “De una interpretación sistemática y funcional de los artículos 99, párrafo cuarto, fracción V de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; 79 y 80, párrafos 1, inciso g), y 2 de la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral, se concluye que las asociaciones civiles constituidas por quienes aspiran a candidatos independientes para el manejo de los recursos económicos, carecen de interés jurídico para promover medios de impugnación en materia electoral, en defensa de aquéllos, pues para acreditar dicho presupuesto de procedencia, el acto o resolución impugnada debe repercutir de manera clara y suficiente en los derechos sustanciales de quien acude al proceso con el carácter de demandante, por lo que resulta inviable que entablen defensa de los derechos del aspirante, al no serles propias.” 

Desde todos los puntos de vista la declinación de Margarita Zavala erosiona el complejo e inequitativo orden juridico que rige el sistema electoral mexicano en manos de un Instituto Nacional Electoral en el que, el legislador, depositó el control y manejo operativo de las elecciones federales y locales aun cuando sea el orden federal jurisdiccional especializado quien defina en última instancia los resultados que, como se muestra, inhibe el apoyo de una estructura civil para candidaturas independientes con lo que, en mi opinión, le da un trato diferenciado al de los partidos políticos que si tienen la facultad de hacerlo respecto de sus candidatos.

 El daño causado por la declinación de la candidata Margarita Zavala, trasciende en la política democrática de país y en los   fondos públicos erogađos en el pago de las boletas y espacios de publicidad que el estado tiene en los medios de comunicación; en ambos casos la democracia mexicana camina al revés pues demuestra que una candidatura independiente a la presidencia de la República es poco menos que figura decorativa de entretenimiento, pero que no es viable para acceder a ese cargo frente a la Partidocracia que fija la reglas del juego de la contienda electoral desde el Congreso de la Unión.

 Fernando Dworak en una publicación describe la naturaleza real de los partidos en México, señala: “Por desgracia parece que nuestros partidos están tan ocupados en repartirse el poder, que no se dan cuenta de su situación. En lugar de emprender un ejercicio de reforma institucional con una verdadera visión de Estado, hasta el momento los cambios que han pactado sólo comprueban su capacidad para llegar a acuerdos políticos a nombre de la protección de sus intereses, como en el caso de las leyes electorales. ¿Podrán estos arreglos resistir los momentos de crisis institucional?”

                                                                               jfranco_jimenez@hotmail.com